Torbellinos

(Perteneciente a El Punto Unico)

Relato de un único capítulo.

Hace varias semanas me levanté pensando que me había quedado dormido para ir a trabajar. De hecho, me había quedado dormido. Pero cuando me dispuse, apurado, a preparar todo para salir hacia mi rutina diaria, descubrí que el mundo había cambiado totalmente.

No hubo catástrofe en el sentido violento y furioso de la palabra, pero sí de una manera mucho más silenciosa, de sigilo surrealista. Mi familia no estaba, simplemente no estaba.. y así igualmente se esfumaron los vecinos, los no tan vecinos, los lejanos. De repente pasé a ser la única persona en el mundo. O eso pensé, ya que me encontré al cabo de algunos días con otros (¿afortunado?) como yo.

Intenté, primero en solitario, y luego con mis nuevos compañeros, descubrir qué había sucedido. Nada estaba fuera de su lugar. Los servicios seguían funcionando, la televisión seguía dando señal aunque no podía verse a nadie y, lo más importante, internet aún estaba ahí. Así comenzamos a juntarnos los que quedamos dando vueltas, aunque a veces solo de manera remota pues las distancias eran, en ocasiones, muy grandes.

Sí.. todo seguía igual salvo, por supuesto, la desaparición del 99, muchos 9 porciento de los humanos del planeta. Y por aquellos torbellinos. Aparecían espontáneamente en lugares azarosos, aunque ninguno de nosotros jamás vió el proceso. Simplemente aparecían. Y así también se esfumaban.

Usamos múltiples cámaras conectadas a través de la red para cubrir la mayor cantidad posible de área y poder detectar cuando aparecían y se iban, pero fue futil. Siempre había un punto ciego. Cuando un torbellino aparecía, no se iba a menos que las cámaras no estuvieran grabando.

Los torbellinos no se movían, ni parecían atraer o movilizar el aire de su alrededor, por lo que no causaban viento ni ningún otro fenómeno que pudieramos reconocer. Hicimos algunas exploraciones más directas, como arrojar elementos desde cierta distancia, los cuales eran automáticamente embullidos por los misteriosos remolinos. Aunque intentamos grabar con cámaras de alta resolución y velocidad, no pudimos sino terminar adivinando qué sucedia con lo que arrojabamos.

Empezamos a inventar, tal vez como mecanismo de apertura mental. Volvimos a los dioses, pasamos por los extraterrestres, intraterrestres y el espíritu de la naturaleza. ¿Agujeros negros? Claramente no, nada que nosotros consideráramos natural encajaba.

Entre los que quedamos en el planeta, de los cuales llegamos a ser hasta 663 registrados, había algo interesante. Lo notó una señora de México y lo publicó en el grupo que usabamos. Todos y cada uno de nosotros, teníamos la propiedad de que si sumabas todos los números de nuestra fecha de nacimiento, daba un número primo. Ella lo llamaba numerología, pero a mí, honestamente, me parecía una soberana idiotez. Se trataba de sumar cada uno de los dígitos de la fecha de nacimiento de alguien y el resultado daba un número entre 1 y 9.

Mi número era 1, y era el único de todos que tenía ese número. Algunos argumentaron que, de hecho, 1 no era un número primo y, al fijarme en internet, me di cuenta que tenían razón.

Aunque admito que era llamativo que no hubiera nadie con números 4,8 u 9, tampoco era imposible. El hecho de que seamos tan solo 663 personas daban lugar a una estadística que podía ser interpretada de muchas formas.

Pasaron varias semanas, unos pocos meses. Cuando quize darme cuenta, me encontraba solo. Nadie volvió a dar acto de presencia en internet, ni tampoco pude ubicar a las 10 personas con las que me había encontrado presencialmente durante este tiempo.

Me volví errante, buscando un no sé qué.

Hace cuatros días que no puedo dormir. Aparecen torbellinos por todos lados, a un ritmo sin precedentes desde que esto comenzó. Me da terror pensar que puede aparecer uno sobre mí pero.. ¿Qué quita que no suceda estando despierto?

No sé si esta fobia a dormir es resultado de estar solo, de la surrealidad de todo esto… o es una señal de alarma de algún rincón de mi mente o de mi instinto. Realmente, ser coherente no es algo que hoy me preocupe mucho y el temor es demasiado, así que sigo el tren del no descanso. ¿Acaso todo esto será un mundo onírico?

No quiero dormir. No quiero. Sé que no tengo más nada que perder, ni nadie. Ya no puedo ni beber más café del sueño que tengo. Mis ojos pesan y, aún así, no quiero dormir. No Quiero.