El ocaso del hombre

(Perteneciente a El Punto Unico)

Relato de un único capítulo.

Me senté en el borde del risco a observar el ocaso. Será el primero que vea en este mundo, me pregunto si además, el último.

Ha pasado un tiempo desde que llegué a este planeta, tras un aterrizaje fortuito. El sistema de navegación de mi nave fue dañado cuando fui asaltado por un grupo de piratas. Fue, por fortuna, el único daño crucial que recibió, aunque suficientemente inoportuno como para dejarme varado aquí. Tras hacer tierra, me mantuve alerta un tiempo, esperando que los asaltantes pudieran venir tras de mí, pero no fue ese el caso.

Todo eso es, de cualquier manera, historia pasada. Han transcurrido 374 tls (17 años terrestres) desde aquel naufragio. Aunque los instrumentos de comunicación de la nave funcionan aún perfectamente, no he recibido respuesta alguna a mis pedidos de rescate. Éste es un sector realmente poco transitado. No hay rutas comerciales, ni sistemas solares con civilizaciones grado 2 ó 3, ni estaciones espacies. No es de interés militar ni hay ningún lugar de explotación de recursos. El simple hecho de que el planeta tenga una atmósfera respirable por mí y vida de la que he podido nutrirme (tras ciertos ajustes), es poco menos que milagroso.

Mi nave me ha servido de refugio y base central. TAV, su computadora, ha sido mi única compañía todo este tiempo, además de la principal responsable de mi adapatación al entorno. Realmente lamento no haberle instalado el módulo de inteligencia. Aunque extremadamente útil en el sentido práctico, TAV es incapaz de entablar una conversación o relacionarse conmigo de manera alguna.

Durante todo este tiempo aquí, no he visto una sola noche. Éste es un inisual sistema solar ternario; mientras una estrella grande y su par mínuscula cubren gran parte del cielo, otra que gira en torno a ellas complementa la luz. Es un planeta caluroso, pero el equilibrio se mantiene. Gracias a TAV pude hacer algunos cálculos de los ciclos de este mundo. En esta ubicación, casi sobre la línea de trópico, el día dura 484  tls (22 años terrestres) y las noches 121 (5,5 aprox años terrestres).

He visto cambiar el cielo de color, he visto inusuales auroras, y he enfrentado climas cambiantes; calcincantes tormentas, lluvias tibias, vientos duraderos y momentos de sequía. Pero hoy, por primera vez, presenciaré el atardecer.

Admito estar ansioso por el evento, pues no tengo claro qué es lo que una noche de 121 tls puede traer consigo. El sistema de energía de mi nave tiene para varios miles de tls más y su potencia es suficiente como para seguir alimentando sus necesidades y la del hogar que construí a su alrededor al mismo tiempo. Si esta noche trae consigo un invierno espeluznante, creo haberme preparado bien incluso para ello. Tengo reservas de alimentos suficientes y TAV me enseñó a usar los recursos de esta zona para armar un pequeño laboratorio y construir herramientas con las que facilitar mis tareas.

No temo por la noche en sí misma. No, incluso en condiciones duras, creo que puedo pasar la noche. Es, no obstante, otra cosa la que no me ha dejado descansar últimamente. El análisis de las formas de vida circundantes, realizado con la ayuda de TAV, ha mostrado algo muy peculiar. Éste planeta tiene 2 caras, dos tipos de habitantes. Los que yo conozco, pacíficos y prolíferos, formando un ecosistema de crecimiento exhuberante. Ningún especimen analizado superó los 500 tls de vida, por lo que estipulé que la mayoría de los individuos de estas especies nacen justo antes de la venida del día, o inmediatamente después.

Éste es un fenómeno que pude constatar recientemente, al ver a todo ser vivo morir y “plantar” de forma alguna a sus futuras crías, principalmente en forma de semillas o huevos bajo tierra.

Aunque la ausencia de vida puede hacer mis días (o noches) aún más solitarios, son los capullos que encontré en una cueva cercana lo que me despierta escalofríos. Sé de ellos hace ya algún tiempo. Me ha sido imposible analizarlos, aún con el poder de TAV. Miden aproximádamente 5 metros de altura y desprenden un color fosforescente en sus fluidos. En los alrededores, hallé varios capullos secos, asumo que procedentes de las noches anteriores. El interior de la cueva, a su vez, tiene incontables señales de destrozo en la roca misma: quemaduras, rasguños y otros signos violentos, de gran tamaño y que demuestran un gran poder destructivo. No me fue posible determinar la morfología de estas criaturas, pero no me sorprendería que lleguen a medir 20 o más metros de largo.

En la entrada de la caverna, en uno de mis días de exploración por la zona, hice un hallazgo que me perturbó y aún me perturba. Pequeñas piedras apiladas, con escrituras en una lengua que TAV no pudo determinar, rodeadas de esferas luminosas flotantes; tecnología de una raza grado 3, indiscutiblemente. ¿Qué era eso y quién lo había colocado ahí? ¿Qué relación tenían con aquellas criaturas de los capullos?

Intenté formular un modelo de cómo vivirían éstas criaturas durante la noche sin nada de qué alimentarse. Posiblemente haya un ecosistema dinámico también durante la noche, aunque no encontré otro indicio de seres preparándose para despertar en la etapa oscura y fría del planeta. ¿Tal vez vivían de las semillas y huevos ocultos? ¿Para qué necesitarían entonces esas armas naturales de las que parecían disponer? ¿Qué era ese tamaño descomunal, nada común en la flora y fauna que he encontrado en esta superficie?

Hace algunas horas, tras asegurarme de tener todo preparado para la llegada de la noche, caminé hasta la entrada de la caverna. Me impactó descubrir que ni las pequeñas pilas de piedra inscripta, ni las esferas flotantes, se hallaban allí. Los capullos no emitían más esa fluorescencia característica. Aunque mi curiosidad es fuerte, mi temor comandó el momento, y opté por retirarme.

He decidido grabar este mensaje, este relato de mi estadía aquí. Creo estar preparado para pasar la noche. Mi mente piensa que puedo solucionar cualquier contrariedad gracias a TAV y mi propia inteligencia. Mi cerebro intenta mantenerse frí, sereno, y mi vientre me ha dado la perseverancia para vivir todo este tiempo. Quiero vivir. Incluso en éstas condiciones, incluso sin saber si alguien recibirá mis señales de rescate, yo siempre, quiero vivir. Pero, aunque carezco de datos como para asustarme de antemano, la sensación de intranquilidad y peligro no deja de crecer en mi interior.

No puedo asegurar que las criaturas de la caverna supongan realmente un peligro inmediato para mí. Mi pequeña base está escondida, camuflada y es bastante resistente. No se encuentra tan alejada de la cueva, pero tampoco, creo yo, críticamente cerca. ¿Por qué no puedo parar de sentir esta ansiedad? Diría que comienza a transformarse en terror. No había sentido algo así en mucho tiempo, ¿Una prueba de que estoy aún vivo, en este apartado naufragio?

Los tres soles están ya sobre la linea del horizonte. Es… simplemente especial. Voy a disfrutar en silencio mental de este momento, intentando ignorar la creciente inquietud, hasta que comience la noche.