El Escenario

(Perteneciente a El Punto Unico)

Relato de un único capítulo.

Carlos y su hermano menor, Diego, volvían de pescar. Habían pasado el fin de semana en una cabaña en una isla en medio del delta. Ir allí de pesca era un hobbie que ambos compartían. Llevaban algunas cervezas y, sobre todo, mate, en cantidades innecesarias. Lo hacían porque su afición al mate era desmedida, pero siempre sobraba yerba. Era como si tener de más les generara cierta sensación de seguridad y resguardo.

Volvían de uno de esos fin de semanas de pesca, cerveza y mate, en un ferry de la compañía Ferrys del Plata, de las más baratas. Era un transporte lento y, ocasionalmente, tenía algunos inconvenientes técnicos que los dejaban varados en el río algunas horas. Estas contrariedades no eran problema para los hermanos, parecían disfrutarlas y tomarlas con tranquilidad.

Se acercaban ya al puerto de la ciudad. La noche comenzaba a caer. Ambos hermanos dormían una siesta en sus asientos cuando Diego, el hermano menor, se despertó a causa de las conversaciones alborotadas de los pasajeros. Parecía que algo estaba sucediendo afuera. Medio dormido, Diego se dirigió a cubierta para intentar descubrir qué sucedía. A los 5 minutos volvió corriendo a despertar a su hermano.

– ¡Charly! ¡Charly! – le gritó mientras lo samarreaba. Carlos apenas dió gesto de vida. – ¡Charly , dale! ¡Tenés que ver esto!

Carlos se despertó de mala gana y se quejó. – ¿Qué te pasa gil? ¿Por qué me despertás así?

– Ya sé, ya sé. No me jodas, pero tenés que venir a ver esto, posta.

Carlos se refregó la cara y miró hacia donde señalaba su hermano. Vió a todos los pasajeros amontonándose en la cubierta y discutiendo; algunos asustados, otros asombrados, todos de alguna u otra forma excitados.

Con un poco de esfuerzo, arrastrado por su hermano menor, Carlos se dirigió hacia afuera.

– ¿Eh..? Pero.. ¿Qué carajos..? – exclamó Carlos sorprendido, aunque aún dormido. – ¿Helicópteros?

– Nadie sabe… – respondió Diego. – Pero helicópteros seguro que no, ni hacen ruido.

Un hombre mayor que estaba al lado suyo se les unió sin preguntar a la charla diciendo:

– Además, fijense.. – señalando al cielo. – cada uno sale de distintas estrellas. Lo sé porque me gusta la astronomía.

– Es verdad… – asintió Diego – ¿Pero qué estrellas son? ¿Es una constelación o algo así?

– Bueno… tanto no sé… – respondió el viejo, ante la mirada irónica de los hermanos.

– El viejo que le gusta la astronomía… – comentó por lo bajo Carlos. Su hermano le echó una mirada incómoda, pero el comentario pareció no hacer mella en el hombre, que seguía con sus observaciones:

– No hacen ruido, están fijos en las estrellas… ¿Serán onis?

– Querrá decir “ovnis” – corrijió una mujer que se encontraba entre ellos.

– Sí, onis, los platos que vienen del Más Allá.

Se quedaron en silencio observando el cielo. Allí, saliendo de todos lados cual colador, decenas de hazes luminosos se proyectaban desde el cielo hacia la superficie de manera similar a reflectores. Tenían forma de cono de luz, de ángulo no muy pronunciado, y no podía observarse qué los emitía. Parecían salir de la nada, o de las estrellas mismas.

El cielo se encontraba despejado, y aunque la niebla en el río era muy escasa, los haces luminosos tenían una forma muy definida. Caían por doquier, ya sea en el río, a lo lejos en el agua o sobre la ciudad, que ya podía distinguirse en el horizonte y a la que se acercaban.

– Che Charly, ¿No tenés internet en el celu para ver si alguien puso qué son? – preguntó Diego. – a mí pareciera no funcionarme.

Carlos sacó su teléfono del bolsillo de la campera y constantó. Hizo un gesto negativo. Indagando alrededor descubrieron que nadie podía conectarse a internet. Tampoco la televisión que estaba en el barco tenía señal.

El capitán del barco dio un mensaje por altavoz. Parecía que ellos no podían comunicarse por radio a tierra, pero igualmente intentarían atracar en el muelle cuando llegaran, en unos 20 minutos.

Las luces permanecieron allí todo el resto del viaje. Se movían como reflectores de un teatro, o de un helicóptero de policía. Varias veces, estos haces de luz pasaron por encima del barco , encandilando unos segundos a toda la gente que se encontraba en la plataforma observando el fenómeno.

– No entiendo si están buscando algo o haciendo señales o qué… parecieran movimientos medio erráticos, ¿no? – comentó Carlos a su hermano.

– Sí.. es raro.. pero a mí me sorprende otra cosa. – ante la mirada curiosa de su hermano mayor, prosiguió – Fijate. Las luces parecieran salir de estrellas existentes. Esas 3 luces por ejemplo salen de las 3 Marías, o sea, el Cinturón de Orión. Pero, nosotros hace ya un rato que las venimos viendo ahí incluso si nos movemos. En el caso de las estrellas es entendible, están tan lejos que aunque nos movamos parecen estáticas.. pero…

– Entiendo. Deberían haberse desplazado de la ubicación de las estrellas por una cuestión de que estan mucho más cerca que ellas y nosotros nos movimos.

– Claro. A menos que las fuentes de luz también se desplacen para ajustar esa diferencia y las veamos así.

– Sí pero.. eso solamente funcionaría con nosotros, ¿no? Onda, no funcionaría con la gente que está viendo esto en la ciudad, o en otros lados.

– No sé.. creo que no. O sí pero no las verían salir de esas estrellas… No sé..

Se quedaron nuevamente en silencio. Un escalofrío aterrador los invadió. No sólo a ellos, sino a todos los pasajeros. Algunos seguían hablando sobre el tema, pero no había nada nuevo para comentar, tan solo repetían conjeturas.

Así, llegaron a tierra. El capitán les pidió por altavoz que descendieran a la zona interior del barco, para así poder desembarcar. Los pasajeros estaban excitados, ansiosos por encontrarse con más noticias una vez descendieran al puerto. Pero lo primero que hallaron los sorprendió aún más. En lugar de desembarcar por la manga por la que siempre lo hacían, fueron desviados hacía otra dirección.

El proceso normal era dirigirse hacia los equipajes, luego inmigración, ya que la isla se encontraba en el país vecino, y luego ya estaban en la ciudad. Esta vez, fueron desviados todos los pasajeros hacia una oficina diferente. Había mucha seguridad, policía y militares, mucha más de la habitual. Cuándo se les preguntaba por la situación, éstos respondían evasivamente, o simplemente decían que era solo por precaución ante lo que estaba pasando, y que no tenían más información.

Los pasajeros entraban, de a uno, en una habitación cerrada. Cuando fue el turno de los hermanos, Carlos entró primero. Cinco minutos después, fue el turno de Diego. Esperaba encontrar a su hermano mayor adentro aguardándolo, pero en su lugar, descubrió un escenario surrealista, salido de una película de ciencia ficción. Intentó correr hacia la puerta pero, al darse vuelta para hacerlo, comprendió en un instante lo que había sucedido con los pasajeros que acababan de entrar, incluyendo a su hermano.

Lo comprendió a medias, pero fue suficiente para dejarlo en shock. Cayó de rodillas y, así, se sumó a ellos.

Cinco minutos después, llamaron al siguiente pasajero.