Capítulo 2: Grises

(Perteneciente a El Punto Unico)

“Grises fue escrito originalmente como parte de una novela. Data del año 2004.
Capitulo 2

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Un sol tímido iluminó mis ojos, oficiando de despertador molesto. Sabía que si el sol entraba por la ventana ya era al menos las 4 ó 5 de la tarde. Solía despertarme un poco más tarde, así que me sentí bastante madrugador.

Me levanté tras un largo rato de pereza y estiramientos corporales. El suelo donde había dormido seguía húmedo, pero antes de secarlo necesitaba hacerme unos mates.

El ritual era intocable. Despertarme. Ir a la cocina, poner la pava. Ir al baño y mear. Lavarme la cara. Quedarme mirando a los ojos de mi reflejo en el espejo hasta que oyera el incipiente silbido de la pava. Entonces, armaba el mate, ponía el primer chorrito de agua y me tomaba algunos verdes, ahí parado, mirando a la ventana.

Y así fue ese día. Me quedé absorto en la visión a través de la ventana de mi cocina largo rato. No era un grandioso paisaje, pero sí tenía algo que me generaba apego, curiosidad…

La visión era gris, monótona. Las chimeneas de la refinería de petróleo que se encontraba a pocos metros de mi casa y abarcaba kilómetros, daban un aspecto sombrío al escenario. Creo que me recordaba mucho a un juego de Playstation de mi infancia, donde el mundo estaba en ruinas por unos reactores contaminantes. Era mucha nostalgia, no podía evitar contemplar por largos ratos hacia afuera, rememorando distintas épocas de mi adolescencia y niñez: las peleas callejeras, los ex-amigos, las chicas que me rechazaron, las que me aceptaron y cuyas relaciones me encargué de arruinar, los trabajos y changas de pibe que realmente detestaba y,  por supuesto, los juegos de computadora, libros y sueños de infancia.

Miraba una de esas chimeneas chisporotear llamas violentas y despedir un espeso humo oscuro. Eso me hizo recordar, gracias a las inconexidades de mi mente, mi sueño de ser jugador de básquet. Qué locura.. recuerdo que entrenaba bastante en la persecución de la ilusión. Me acordé de “El Picudo”, un compañero de equipo con grandes dotes de entrepierna. “Si no es exitoso en el básquet, al menos lo será con las minas”, decían todos. ¿Acaso era verdad? ¿Las minas amaban los manguerudos?

Estaba totalmente embuido en mis pensamientos acerca de las minas y los falos, cuando una pomposa nube atravesó el cielo, al que miraba sin mirar, despertándome de mi meditación. Estaba todo muy despejado.. esa nube misteriosa… Paseaba, insolente, por el cielo ensenadense como si nada.

Me quedé observando la nube, cual astrónomo en búsqueda de un cometa. Hacía rato que intentaba tomar un mate ya vacío. Entonces… me dí cuenta. ¡Sí! ¿Y si esa nube no es más que una nave extraterrestre encubierta? Estos seres… ¿Cómo se llamaban? ¿Grises? Sería irónico un grupo de boyscouts “grises” navegando por la grisura de la ciudad. Sí, estaba seguro, era la UNICA explicación coherente.

Me lamenté no tener ninguna cámara para grabar la nube. Quizás en algún momento, gracias a algún vientito o  descuido se llegaba a notar el aparato avanzado escondido. Entoces me fije la llamarada de la chimenea. No había viento. ¿Cómo podía esa nube desplazarse? Recordé lo que me explicó un compañero de la facultad, una de esas personas que tienen respuesta a todo. “A distintas alturas puede ser que el viento sea distinto”. Desconozco si tenía o no razón..

La nube siguió su camino. ¿Será que nos vigilan? Comenzó a perderse fuera de mi campo de visión. ¿Acaso seremos como ratones para ellos?

Rompí mi posición estática y me acerqué a la ventana para poder ver en diagonal como el pompón oscuro se alejaba. Seguía siendo una nube y algunos árboles sí se movían por el viento. Seguro eran los extraterrestres que movían todo ellos.

Entonces, me acordé. ¡El mensaje de texto de Ezequiel!

Corrí hasta mi celular, lo tomé y me senté en un sobrepiso de mi pieza. No estaba seguro qué sucedería si el mensaje insólito de la madrugada sí existía, si no era tan solo un recuerdo de algo soñado. Volví a sentir de repente un dolor en la cabeza, que confirmé tocándome con la mano: me había pegado flor de golpe.

Sí… era eso. El mensaje no existía.. me pegué un golpe muy feo y simplemente soñé todo, mezclado con confusión. De hecho.. antes de golpearme había estado pensando en Ezequiel. Todo explicado.

Volví a la cocina, colocando el celular en mi bolsillo, no hacía falta corroborar la no existencia del mensaje. Me tomé un último mate y me dispuse a cambiarme para salir.

Tenía otro ritual. Ir a la universidad, sólo para matar el tiempo. Ver gente, estudiarla e intentar entenderla. ¿Para qué iban? ¿Qué tenían en la cabeza? Tanta pelea carnívora en búsqueda de.. ¿Qué? El supuesto futuro, el “asegurado bienestar”… conceptos que no lograba acaparar. Podía llegar a comprenderlo, sí es que alguien me daba una respuesta con sentido. No sucedía.

Parte de mi costumbre antes de dirigirme a la universidad, era realizar un paneo mental de mis conocidos.

Javier iba a la facultad para alimentar la ilusión de la casita y la familia perfecta profesional. Odiaba lo que estudiaba con toda su alma. Siempre tenía la cara rígida, hombros levantados, mandíbula apretada. Era uno de los que más me detestaba, yo le reflejaba sin equívoco todo lo que él, se suponía, debía evitar y esquivar: incertidumbres, indecisiones, futuros no asegurados.

Miguel iba a la facultad a hablar de música. También odiaba lo que estudiaba, pero lo que probablemente sí amaba, la música, era algo que sus padres no le permitieron intentar. No tenía especial odio hacia mí, pero sí rechazo. Su humor no conectaba con mi constante recordatorio de que estaba siendo un pusilánime por permitir que otros dirijan su vida.

Alejandro…. bueno, a él le gustaba lo que hacía. Una persona quizás distinta del resto.  Era muy débil, pero de gran corazón. Me apenaba que lo pisotearan tanto y que se dejara usar. No tenía mucha suerte con las mujeres, que le escapaban cual repelente, salvo que necesitaran algo de él por supuesto. Se podría decir que él era lo más cercano a un amigo que yo tenía.  Aunque no me comprendía, siempre había estado intentando ayudarme con mis “problemas”, esos que me hacían tan diferente del común de la gente.

Carlitos…. Hizo todos los esfuerzos a su alcance para quedar como encargado de la sala de computación. ¡Internet gratis! Aprovechaba su cargo para bajar centenares de videojuegos. Desconozco si por real interés, o por condicionamiento mental, pero a veces pasaba días enteros esforzándose sin parar, estudiando para ciertas materias de primer año, las más simples y además aburridas. Jamás aprobaba. Hacía 5 años que estaba cursando, incluso antes que yo empezara a ir y otros compañeros a cursar. Jamás había aprobado nada. Tenía una frase muy personal cada vez que fracasaba: “Necesito practicar más”, pero yo estaba convencido de que sus fracasos no eran por falta de práctica.. ¿Acaso buscaba prolongar su estadía como estudiante?

Iba a continuar paneando gente en mi cerebro, cuando recibí un mensaje de texto. Seguramente iba a pensar acerca de “las chicas”, ese grupo de cotorras venenosas e infernales. Me pregunté muchas veces por qué estudiaban algo que ni les interesaba. Hasta que comprendí que la universidad era el mejor lugar para conseguir marido que las mantuviese. Una inversión a futuro. Me resultaba lamentable, y más lamentable que eso sea parte de su educación. Varias de ellas me habían demostrado grandes dotes de inteligencia y creatividad. Pero .. no, tenían y debían buscar marido y así “hacerse la vida”…

La inercia de mi mente que me intentaba mantener en el riel de pensamientos que traía se desvanció con la fuerza del ringtone de mi celular.

En la lista de mensajes figuraba “mensaje nuevo” y, una posición antes.. “número desconocido”. Número desconocido. Sentí mi corazón paralizarse. Mi pulgar, con mente propia, se movió tembloroso sobre el teclado del aparato. Abrí el mensaje de la madrugada anterior…

En ciertas ocasiones, uno se siente desconcertado. Hay algo que no encaja en la mente. Recuerdo siempre días en los que, sentados en el techo de alguna casilla de las villas en las que viví, veíamos como los chorros entraban a robar. También veíamos gatos, palomas y demás, mientras compartíamos mates con las amistades de turno, o alguna cerveza bien fría. Cierta noche, mientras uno de los concurrentes nos contaba su primer experiencia sexual, llena de detalles horribles y perturbadores, me distraje al ver una luz que se movía por los techos. Era una luz pequeñita, centelleante. Señalé a todos su ubicación.

Eramos 5 personas, pero sólo 2 pudimos verlo. Era un.. ¿Hada? Parecía una  personita con alas, de diminuto tamaño, sobrevolando los techos. Los 3 restantes miraban… y según ellos, no había nada. Se reían de nosotros y atribuían la visión a las drogas que supuestamente consumíamos de cena. Pero no. Estaba allí. Hasta que simplemente desapareció.

Kapula, el indio urbano, compañero de calle, sentado al lado mío, también había visto ese ser extraño. Pero… tras unos minutos, empezó a sentir dolor de cabeza e, inexplicablemente, de a poco, comenzó a negar que había visto algo. Me sorprendí. ¿Acaso el cerebro se resiste a lo nuevo? Probablemente estuvo a punto de explotar.

Había alcanzado la vereda de mi casa, ya me encontraba de camino a la Facultad. El mensaje misterioso .. existía. Mi cerebro acababa de encender una tonelada de dinamita en su interior y la mecha estaba por consumirse.

 “¡Qué golpe te pegaste!”. Rezaba el mensaje. ¿Cámaras? ¿Extraterrestres jugándome una broma?

“Perdón por despertarte”.  ¡Bien! Acá encontré un truco.. porque yo no me había dormido del todo.

“Sé que me recordás. Pronto tendrás noticias mías. Ezequiel” Ezequiel.. sí, había estado pesando en él. Pero jamás le había hablado a nadie acerca de esos pensamientos. ¿Qué podía estar pasando?

Comencé a sentir un dolor de cabeza intenso. Un tornillo dentado ingresaba en el medio de mis sesos, abriéndose paso con rigor. De repente.. cesó. El mensaje no existía, NO PODIA EXISTIR. Fin de la historia, fin del dolor. Así que pasé a leer el siguiente.

“No sabés! Carlitos aprobó matemática! Es el fin del mundo! – Alejandro”

Carlitos aprobó una materia. Definitivamente algo extraño estaba sucediendo en el mundo. Por un instante recordé el recién negado el “mensaje misterioso”… y el dolor. Lo suspendí. No tenía ni idea que sucedía, así que simplemente decidí dejarlo en pausa en mi mente, todo era muy abrumador. Un mensaje misterioso de Ezequiel; Carlitos había aprobado una materia.

Carlitos aprobó una materia. Carlitos aprobó una materia.

Quería ir y ver el comportamiento de todos, no podía perdérmelo.